sábado 7 de febrero de 2026
El alumno de la ventana (2025), de Rubén Darío Carrero (o unas notas breves sobre un tríptico del tiempo). Maikel Ramírez
Incurriré en una verdad de Perogrullo: quienes escribimos tarde o temprano nos topamos con un libro que nos hubiera gustado escribir. Este encuentro, no obstante, puede propiciar un segundo momento acaso más relevante, cuando se nos revela en su verdad más cristalina, por aquella noción del estilo que el escritor argentino Rodrigo Fresán deposita en su novela Jardines de Kensington (2003), que a nuestra escritura le aquejan limitaciones. Digamos que le son resbaladizas formas expresivas que nunca podrían ser vehículos lingüísticos equiparables a los del autor que nos antecede o con el que coincidimos. Siento que esto me sucede con varias de las obras de nuestro escritor Rubén Darío Carrero. Como tanta gente cercana a mí lo sabe, me he arrojado a la búsqueda de escribir un libro que conjugue el acto de caminar por nuestra ciudad con la contemplación reposada. Pues bien, recuerdo que tras el anuncio por parte de los queridos amigos de la editorial Taller Blanco de la publicación del primer poemario de Rubén, Otro futuro o nada, en 2020, lo descargué y leí con fascinación el recorrido del poeta por calles y demás recovecos de Maracay. Estimulado por esta lectura, indagué en varias de las crónicas que descansan en su blog personal, Crónicas Maracayeras, y de nuevo tuve el deleite de encontrarme con un caminante de este suelo natal. Así pues, Rubén ejerce de un flâneur en estas coordenadas tropicales, heredando la observación, el pensamiento, y la disposición al encuentro inusitado que Baudelaire y otros exploradores urbanos representaron en la Francia del siglo XIX, paseantes que, como lo expone Matthew Beaumont en uno de sus habituales ensayos sobre la caminata, pueden perderse y encontrarse a sí mismos en el paisaje cambiante de las recientes ciudades cosmopolitas. Remarquemos este rasgo para nada menor en la ópera prima de Rubén: la articulación de la experiencia del desplazamiento citadino desde otras urbes del planeta, punto que, por lo demás, excede las simples formas del lenguaje que constituyen el estilo personal que apunté al inicio.
Daré cuenta, ahora, de otro momento en el que tengo por cierto que la escritura de Rubén Darío Carrero decididamente dirá mucho mejor cuanto por razón de construcciones lingüísticas y preocupaciones me resulta esquivo. Pienso en mi devoción por el cine del director Terrence Malick, fundamentalmente desde el memorable metraje Días de cielo (1978) hasta hoy, arte de la gran pantalla con el sol, sea cual fuere su matiz, irradiando y desbordando todo el encuadre, al tiempo que deja al espectador experimentar la interioridad de los personajes y el paso inexorable y agónico del tiempo. El cine de Malick es cine vitral, que nos interpela y exige que alcemos la vista. Pienso en el filme To the wonder (2012), en esa abadía de Saint- Michel iluminando todas las líneas del cuadro y penetrando la pupila de los personajes. A mi parecer, nadie como Malick puede ofrecer una experiencia artística cercana a lo religioso. Recuerdo haber pensado en esto mientras leía Algo sucede con el tiempo, el segundo poemario de Carrero, publicado en 2023 por Estival, editorial del querido maestro Juan Martins. He regresado a la obra de Rubén para corroborar una vez más que el sol, en su sentido más espiritual, es un elemento central e insoslayable en su poesía. Por ejemplo, en el poema VI de este segundo libro, leemos estos versos:
Luz de la mañana dame otro verbo Y a cambio defenderé tu claridad
Con mis manos en la oscuridad de mi cabeza
En similitud, hallamos el siguiente aforismo solar en el libro Otro futuro o nada:
¿Si hago las paces con el sol
las pausas de la tierra dejarán de perseguirme?
Por lo que respecta a su nuevo poemario, El alumno de la ventana, publicado en octubre por dcir ediciones, casa editorial bajo la dirección de la poeta Edda Armas, quizá sobre decir que a un docente de oficio como yo lo alcanzará en el acto un título que contiene uno de los actores del proceso de aprendizaje. Propongo que no nos sintamos tentados a pensar que Rubén se ha retirado de sus preocupaciones o búsquedas particulares, pues, por el contrario, estamos, a mi juicio, ante una obra en la que todo lo anterior alcanza su pico superlativo, sapiencial: el tiempo extraído del vuelo trepidante de la vida moderna, simbolizado por una silla en su portada y por el acto de contemplar que sugiere la ventana de su título, puntos que se consolidan en las subsiguientes páginas del poemario; el pálpito diurno y nocturno de la ciudad de Maracay, y el espacio hogareño del apartamento en interacción con la vida cotidiana del exterior.
Ahora bien, no quisiera incurrir en la penosa e indefendible negligencia de no remarcar con la incandescencia del fuego la relación de Rubén con la filosofía, atributo identitario de sus prácticas cotidianas y, naturalmente, de su escritura. Junto con Otro futuro o nada y Algo pasa con el tiempo, El alumno de la ventana contiene poesía que filosofa, o bien podríamos reformular esto como filosofía que poetiza. Claro está que estos enfrentamientos binarios son fronteras artificiales que no inquietan ni al poeta ni al filósofo. Como quiera que sea, Rubén configura espacios de reflexión en sus versificaciones, amén de que estos sirven de punto de encuentro de las ideas de filósofos a los que suscribe o encara en franca oposición.
En su oportuno ensayo El odio a la poesía (2017), el poeta norteamericano Ben Lerner revisa la histórica pregunta por la utilidad del género. A mi entender, si hay un aspecto adicional desarrollado por este alumno de la ventana, aunque con razón se me objetará que ya había anidado en sus primeras creaciones, es la búsqueda por entender los límites de la escritura, por develar sus posibilidades. Digamos que este nuevo poemario es metalingüísticamente consciente. Pero no quiero extenderme mucho en este rasgo, en esta presentación, para darle así la oportunidad al lector de que haga sus propios descubrimientos.
Pasemos a celebrar el nuevo libro de Rubén Darío Carrero, que irrumpe en esta tarde de hoy, iluminando rotundamente como la imagen que abre su nuevo libro:
La luz tibia del sol ilumina el cielo
Y cae en línea recta con ira y maestría.
Maracay, jueves 4 de diciembre de 2025
Maikel Ramírez (Maracay, 1976). Profesor de Inglés y Magister en Literatura Latinoamericana. Profesor contratado en el área de Cultura y Literatura Anglófona en la Upel Maracay. Autor del libro de microcuentos Una extraña habitación en Saturno & otros planetas infames (El Taller Blanco Ediciones, 2021). Obtuvo el Tercer Lugar del Premio de Cuento para Jóvenes Escritores de la Policlínica Metropolitana (2013). Ganador del Primer Concurso de Reseñas Literarias de la revista Latin American Literature Today (2023) y finalista del Tercer Concurso de Ensayos Literarios de la misma revista (2025). Ha publicado investigaciones en revistas académicas nacionales y extranjeras. Investigador en temas de metáforas y metonimias conceptuales, cine y literatura de ciencia ficción, y cine y literatura latinoamericana. Ha colaborado con reseñas, ensayos y artículos sobre literatura, cine, arte, música y lenguaje en el Contenido Literario del diario El Periodiquito, y en revistas digitales, tales como Letralia, Sorbo de Letras y Digo.Palabra.Txt.
Con autorización del autor

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