La condición humana y otros poemas. Nuno Júdice

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Te amaré

Si te amara en el centro de la noche, oyendo a la noche
decirme que es de día, o si te amara en lo más hondo
del cuarto, sintiendo caer una cortina de astros, o
si te amara en tus brazos, en unos brazos de agua,

te amaría en la línea del estuario donde los días
desembocan y las noches reposan, viéndote
abrir las cortinas del cielo para que el sol apague
los astros, y cerraras las persianas del cuarto

donde el agua que escurre de la noche dejó un brillo
en el fondo de la memoria, donde tu voz me
llama hacia lo más profundo de la habitación, en el centro del día

que se volvió noche cuando, entre cortinas y persianas,
abriste y cerraste el estuario de tu cuerpo, para que
te amara en tus brazos, en unos brazos de agua.
 
 

trad. Blanca Luz Pulido
 
 
 


 
 
 

Sinfonía para una noche y algunos perros

De noche, un perro empieza a ladrar, y
después de él, todos los perros de la noche
se ponen a ladrar. Después, el primer
perro se calla. Poco a poco, los demás
también se callan, hasta que el silencio
se instala, como antes de que ladrara
el primer perro. De noche, no es
posible saber por qué ladra un perro,
si no lo estamos viendo. Tal vez porque
alguien pasó detrás de un
muro; tal vez por culpa de un gato (esas
sombras que huyen por las puertas).
No es necesario encontrar razones concretas
para justificar la noche de todos los
perros; mas es verdad que un perro, cuando
ladra y despierta a los otros perros, despierta
a la propia noche, a sus fantasmas, y
nos obliga a mirar, por la ventana, lo que
no se puede ver, es decir, el centro de la
noche, el negro motor del mundo.
 
 

trad. Blanca Luz Pulido
 
 
 


 
 
 

Guía de conceptos básicos

Use el poema para elaborar una estrategia
de sobrevivencia en el mapa de su vida. Recurra
a los dispositivos de la imagen, sabiendo
que le dará un acceso rápido a los recursos
de su alma. Evite los bloqueos
de la tristeza y encienda la luz que le irá a traer
una futura mañana cuando su tiempo
esté por agotarse. Si requiere
sustituir los sentimientos cansados
de la existencia, reinstale el deseo
en la pantalla del cuerpo, e imprima los sentidos
en cada nueva palabra. No es necesario
dominar todos los requisitos del sistema:
limítese a avanzar por el visor de la memoria,
en busca de la ayuda que le permita salir
del bloqueo. Escoja una superficie
plana: y deslice su mirada en el
estuario de la estrofa, para que empuje la corriente
de las emociones hasta la desembocadura. Verifique
entonces si todas las opciones se hallan disponibles: y
descubra la fecha y hora en que el sueño
se convierte en realidad, para que poema
y vida coincidan.

 
 
 


 
 
 

Apuntes para una estación

Las manzanas se pudren en el armario donde mi abuela
las guardó. Un viento fresco entra por las grietas de la puerta
y canta, despacio, una letanía encantada
de muertos y cipreses. Agosto pasa, entero, en las imágenes
de un antiguo estancamiento en el que acuesto el poema,
como en una corrupta cuna. Y vuelve a oírse la voz
que corría por el campo sin sombra, clamando, sin
oír la lejana respuesta: “Floreció, el difuso
rosal, y dejó que la madrugada lo tiñera de una luz
blanca; buscando, después, la eternidad
del verso para abrigo de la flor incomparable, pétalos húmedos
de los minutos iniciales…” El canto envuelve la muerte
del mundo que abandonó el niño pálido: y las higueras
abren el vientre seco a la peregrinación de las hormigas, minuciosas
viajeras del más cerrado de los infinitos.
Entonces, llegaba el otoño, anunciado por las primeras
nubes preñadas de ceniza y horizonte, librando la tierra
de un azul excesivo como las últimas mareas de la tarde. El humo
anunciaba el final de las hornadas de pan y pasteles, y las mujeres
partían hacia las siegas implacables de una rápida juventud,
riéndose aún en la culpable inocencia de la despedida. Las vi
regresar, de piernas y ojos hinchados por el fermento
del viaje, preparando un invierno de labios y almas cerrados
al furor de las lluvias. Y encuentro, al fondo de la casa, sus sombras
que la melancolía apaga, quietas, invocando en un rezo brusco
la risa ahogada en los pantanos de septiembre y octubre, enseñando
un ritual de secretos y fórmulas para salir de los brazos
olvidados de un cuerpo nocturno.

¿Quién recuerda el movimiento furtivo en la oscuridad
de la habitación, el rumor de amores que el tiempo no retuvo, apremiados
por el final de la tarde? Abro ese armario de frutos prohibidos,
exhalando un perfume de épocas que el silencio estropeó. Ninguna
cosecha los restituirá a la mesa común. Los sujeta un regazo
de tinieblas, sembrando un rastro de hojas estériles; y un coleccionador
monótono pega los trazos inútiles, prosiguiendo la antigua enumeración.
 
 

trad. Ernesto García Cejas
 
 
 


 
 
 

La condición humana

Tengo en las manos la condición humana, los hilos
de polen que las abejas dejaron caer en las mesas
de los cafés, un peso de angustia que no llega
para equilibrar un grano de polvo en la balanza
del ser. Pudiera amasarla como se hace con la harina,
darle la consistencia del pan que irá al horno,
y sacarla aún caliente, con la pala del poema, para distribuirla
a mi alrededor. ¡Cuántas rebanadas de condición
humana se podrían cortar! Los hombres
las llevan en los bolsillos, aún humeantes,
escondiéndolas de los mendigos, y los pájaros
recogerían los restos, con sus picos exangües
de un vuelo invernal. Pero pongo el pan frente
a mí, y lo dejo enfriar, viendo la condición humana
evaporarse como el humo. “¿Para qué quieres el pan?”,
me preguntan. Para cortarlo en la noche, y comérmelo
frío, saboreando la dura corteza de la condición humana.
 
 

trad. Marco Antonio Campos

 
 
 


 
 
 

La mañana del poema

Lleno de palabras el vaso del poema,
lo lleno hasta que se desborda: y veo cómo caen
sílabas, vocales, consonantes, al piso
del olvido. Lo que resta en el vaso, sin embargo,
es lo esencial: ese zumo de música y de
sensaciones que envuelve la memoria, limpiándola
de tristeza y de melancolía. En su centro,
tu rostro cristaliza un vocabulario
henchido por el viento del deseo; y las múltiples
manos de la frase esparcen tus cabellos
hacia uno y otro lado del vidrio, rasgando
el cielo en un relámpago de párpados.

Poso tu cuerpo en este vaso. Te veo
desde su transparencia, entre
los dedos del horizonte que el fondo de tus
ojos esconde en un suspiro de niebla. Libro
tus senos del abrazo de la noche, y los cubro
con la luz más pura del invierno, en una caricia
de sol frío, vistiéndote con su
lino matinal. Por último, planto tu amor en la tierra
de la estrofa; y lo miro florecer en esa
madrugada en que despiertas con
todas las aves del mundo.
 
 

trad. Blanca Luz Pulido

 
 
 


 
 
 

Partida

En verdad, todo el espacio es una línea en el centro del átomo
a la que se reduce cada hombre, en su esquina de soledad. El horizonte,
que nos parece inmenso en su dibujo matinal,
cabe en el fondo de un vaso, cuando bebemos el primer
café, donde los sueños de la noche se deshacen con un sabor
amargo a día de Invierno. Y las nubes bajan al nivel de los ojos,
para que las metamos en el dedal de una costura sin límites,
y su contorno sirva de encaje a la almohada del tedio. Entonces,
su ser escapará de esta caja vacía. Se llevará consigo el
horizonte y las nubes; y sólo si nos prendemos de un hilo de niebla
podremos seguir su camino, hasta ese borde de
acantilado que su cuerpo no atraviesa. Más allá está el mar
de la esencia, con sus mareas de inquietud y de
certeza, y el abismo de duda que se abre cuando la
tempestad nos amenaza. La existencia quedó atrás,
la vida, las cosas concretas, como los sentimientos y
las palabras que forman y transforman lo que somos. Sin embargo,
en esta frontera, ¿qué hacer con los caminos que se nos abren?
¿Cómo avanzar, sin barco ni rumbo, en dirección a qué
puerto? ¿Y qué nos espera al volver al sitio de
donde nadie debe partir sin llevar, en el bolsillo, la cita
confirmada, la dirección, la voz acogedora de un dios?
 
 
trad. Blanca Luz Pulido
 
 
 


 
 
 
Nuno Júdice. Nació en Algarve, Portugal, en 1949. Realizó estudios de Filología románica. Fue el primer poeta portugués editado en Francia por la prestigiosa editorial Gallimard.
Es crítico literario, profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Lisboa y agregado cultural de la embajada portuguesa en Francia. Dirige, además, la Casa de Poesía de Fernando Pessoa.
Está considerado uno de los más importantes poetas portugueses surgidos a continuación del grupo Poesía 61. Autor de varios volúmenes de poesía.
Obtuvo el XXII Premio Reina Sofía de de Poesía Iberoamericana en 2013.

 
 
 
n.e. Nuno Júdice obtuvo el Grande Prémio de Poesia Maria Amália Vaz de Carvalho en su 14a edición (2020/2021)
 
 
 
 
selección y nota: Javier Alvarado
 
 
 
 
 
Los poemas se publican con autorización del autor.
 
 
 
 
fotografía: Alejandro Luque/M’Sur
 
 

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