Poemas. Sergio Pizarro Roberts

Compártelo:


 
 

El último baile del sol

Por un arrepentimiento y dulzura
nos abrazamos un beso
lloramos la misma lágrima que cayó sin perdón.
Asustado, no tuve más remedio que apretarme fuerte
Apretarme hasta confirmar mi nueva estructura de lápiz grafito
abandonado de carnes y nervios
con un nuevo olor a madera carbonera
para escribirte mi último llanto,
bailando en tu cuerpo de papel.

Y tú quedas como señal de señales
encendida en mi alma
y como un abierto de esperanza
me susurras a mil distancias:
“Únete a mí, ceniciento de papel”.

Siento que la cabeza se me abre como una flor ante el sol
y mi cuello gira sin retorno
para quedar frente al coloso amarillo.
Una lengua de fuego susurra a mil distancias:
“Únete a mí, ceniciento de papel”.
Enquistado en mi Carroza Láctea
inmóvil en mi propio tiempo
miro a través de mis ojos de hierro
tus ojos de fuego
siento que una sonrisa furiosa se me derrama por delante
y no es más que mi boca
derritiéndose ante el penúltimo delirio.
Reforzando la pétrea musculanza,
lanzo las últimas amenazas de amor:
Seré el auspicioso delfín en tu torrentoso mar de amor
Seré el certero proyectil que atraviesa y quema
tus planetarias carnes
Seré….

De tu boca solar escapa un festival de placer
que cubre todo el universal
y en un ronco gemido
te abres para yo entrar y no salir jamás.
 
 
 


 
 
 

La escritura en el suelo

es verano

un mar profundo se agita frente a las costas de Chile
una niña le escribe a otra algo en la arena y todo se calma

una ola borra este poema
 
 
 


 
 
 

El libro de la realidad y el libro de los sueños

dicen que en el libro de la realidad los ojos se cierran y en el del sueño se abren. Por ello, si ese niño con casco blanco, al fondo del parque, saltando en el aire no es un sueño, sí lo es cuando sus pies vuelven a posarse en la tierra

 
 
 


 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 


 
 
 

Ex libro de la penumbra

aunque no alumbra
este libro está lleno de luces que deben prenderse
un lugar de sombras que evitan lo oscuro

leedores, torreros ¡todos!
ven lejos lo que leen de cerca

queremos la fe nueva
convertir los pudrideros, las calamidades,
sus angustias y tristezas
enterrar la palabra cadáver

el ruido del brillo, del fulgor y el resplandor
son los símbolos claves para matar a
los sinónimos de dolor, tristeza y melancolía
(un empujoncito para las cosas que deben enmudecer:
las obligadas por la poesía a llorar)

fumadores de palabras quemadas
vuelvan del miedo a declamar su última frase
 
 
 


 
 
 

Pedro Lemebel

estoy muerto en otro lugar
ya invertimos la amistad de nuestrxs amigxs
no queremos usar las mismas palabras
aplastarnos de ideas ni aflojar
como si de género nos tratasen

estamos recién naciendo
simulando que nos semillaron
en un nido de alitas rotas
Adanesas que al mediodía
brillarán por su diferencia
 
 
 


 
 
 

Gustavo Cerati

fuera del círculo dorado de su amor
a un canario se le perdió la jaula
 
 
 


 
 
 

Salmo

solcito mío que estás detrás del lugar
dame una sombra larga y tranquila
 
 
 


 
 
 

Pizarnik

Pizarro
¿podés prender las velas y apagar lo que sobra?
 
 
 
 
 

Sergio Pizarro Roberts. (Santiago, 1964). Abogado, Magíster y Doctor en Literatura Chilena e Hispanoamericana. Es autor de los siguientes libros de poesía: Poemas Diesel (1993), Luces que no deben prenderse (1999), Moví un día (2001), Apocatástasis asténica (2003), Piedras a la oscuridad (2016), A mitad de camino. Obra poética reunida. 1993-2016 (2019) y Homenajes póstumos (2020). Entre los años 2016 y 2018 fue miembro de la Directiva de la Sociedad de Escritores de Chile, filial Valparaíso. Su trabajo crítico literario ha sido publicado tanto en revistas digitales como académicas indexadas. Vive actualmente en Cochoa, Viña del Mar.
 
 
 
 
Con autorización del autor .
 
 
 
 
fotografía: cortesía del autor
 

Compártelo:

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.